Reflexión en el espectro #2 | El duelo tras el diagnóstico y la importancia de quien te acompaña
Cuando uno recibe su diagnóstico, la vida cambia.
El diagnóstico puede traer alivio y, al mismo tiempo, despertar sentimientos de tristeza, rabia y frustración.
Recibes respuestas a muchas cosas que durante años no entendías. Empiezas a ser más amable contigo mismo y, al mismo tiempo, comienzas un proceso de duelo.
Duelo por las cosas que quizás habrían sido diferentes si hubieras tenido esa información antes. Por las veces que pensaste que eras demasiado sensible, demasiado intensa, demasiado complicada o que simplemente no te estabas esforzando lo suficiente.
Poco a poco empiezas a soltar algunas de las expectativas que otros tienen sobre ti. Y también puedes empezar a dejar de forzarte a hacer cosas que no encajan con lo que sientes o necesitas.
Repasas tu vida y muchas veces aparece una pregunta difícil:
¿Cuánto más fácil habría sido todo si lo hubiera sabido antes?
El proceso no es lineal. Hay días de alivio, días de tristeza, momentos de claridad y otros en los que vuelves a cuestionarte muchas cosas.
Y las personas que te rodean cumplen un papel muy importante.
Para muchas personas autistas con nivel de apoyo 1, la comprensión del diagnóstico puede ser especialmente difícil para el entorno porque muchas de las dificultades y particularidades no son visibles a simple vista.
Y ahí pueden aparecer los cuestionamientos.
En ese momento, la persona que acaba de recibir un diagnóstico no solamente tiene que lidiar con su propio proceso. También puede tener que enfrentarse a los cuestionamientos y la invalidación de otras personas, incluso de aquellas que más quiere.
Y eso duele y genera más sentimientos de soledad.
Quien acompaña este proceso —una pareja, un amigo, un familiar— puede hacer que el camino sea más fácil o mucho más difícil.
Por eso, una de mis misiones con Espectro Cotidiano es generar conciencia sobre la importancia de la calidad del acompañamiento después de un diagnóstico.
Acompañar y dar soporte a una persona que acaba de recibir su diagnóstico implica aceptar que probablemente ha necesitado apoyos durante toda su vida y que quizás no los recibió.
Implica entender que esos apoyos no son privilegios ni excusas: pueden ser necesarios para tener una mejor calidad de vida.
Implica aceptar que habrá cosas que quizá no pueda hacer de la misma manera, al mismo ritmo o sin determinados apoyos.
Implica mostrar interés antes de cuestionar.
Preguntar antes de asumir.
Validar antes de intentar corregir.
Acompañar también en los momentos de crisis, incluso cuando no entiendas completamente lo que está pasando.
Y un punto que me parece particularmente importante: no utilizar el diagnóstico para reprochar o desacreditar por determinadas conductas que quien acompaña no entiende.
Recibir un diagnóstico puede explicar muchas cosas, pero no hace que el proceso sea sencillo.
No es fácil.
Tener a alguien al lado que quiera comprender, aprender y acompañar puede hacer una diferencia enorme. El diagnóstico no solo cambia la manera en que una persona se entiende a sí misma; también puede cambiar la manera en que quienes la quieren entienden su relación con ella.
No es necesario tener todas las respuestas. A veces, acompañar significa simplemente creerle, preguntar qué necesita, respetar sus límites y estar presente cuando el proceso se vuelve difícil.
¿Qué necesitaste de las personas que te rodeaban cuando recibiste tu diagnóstico?
Y si acompañas a una persona autista, ¿qué podrías hacer diferente para que se sienta comprendida, validada y acompañada, en lugar de juzgada o cuestionada?
Te leo 💜
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