Diario en el espectro #6 | Vida de madre autista – Parte 1: Los cumpleaños infantiles
El fin de semana fue el cumpleaños número 8 de mi hijo menor y, desde hacía una semana, la ansiedad me venía comiendo.
Soy de las mamás a las que les gusta hacer gran parte del trabajo sola, sin contratar servicios (lo sé, a veces pienso que me gusta sufrir 😂). Desde las sorpresitas hasta los saguchitos.
Soy bien manitas y, la verdad, disfruto hacer manualidades dentro de mis capacidades. De hecho, creo que es la parte que más disfruto de los cumpleaños de mis hijos hasta ahora.
Pero hay una parte que me pone particularmente nerviosa: el día en sí.
Cuando tengo que atender gente, estoy rodeada de pequeños que corren y gritan.
Y no me malinterpreten: AMO a los amigos de mis hijos y a sus mamás. He tenido la maravillosa suerte de encontrar personas increíbles en el colegio de mis hijos. Entiendo perfectamente la naturaleza de los niños y sé que un cumpleaños es, precisamente, niños corriendo, jugando, gritando y divirtiéndose.
Pero para mí es agotador en un nivel diferente.
Tener que gestionar la cantidad de estímulos que ocurren al mismo tiempo.
Y lo complicado es que, desde afuera, probablemente no se note.
Los días anteriores —como me pasa con cada evento social— estoy con malestar. La anticipación puede hacerme sentir físicamente enferma.
Y esto es difícil de explicar sin hacer sentir mal a las personas.
Porque no es que no quiera estar ahí.
No es que no quiera celebrar a mi hijo.
No es que no disfrute ver a los niños felices.
Mientras para otras personas un cumpleaños puede ser simplemente un momento de diversión, conversación y movimiento, para mí puede convertirse en una cantidad enorme de información que estoy intentando organizar al mismo tiempo.
Y mientras hago todo eso, también estoy tratando de funcionar “como se espera”: prestar atención, conversar, sonreír, responder, mantener una postura adecuada, controlar mis gestos y mis movimientos.
Es demasiado.
Puedo estar —de alguna manera— disfrutando. Puedo estar feliz de ver a mi hijo celebrar con sus amigos.
Puedo querer estar ahí.
Y aun así, estar sobrepasada. Es un sentimiento bastante contradictorio.
El problema no es el cumpleaños.
El problema es todo lo que mi cerebro y mi cuerpo tienen que hacer para atravesarlo.
No sé todavía cómo serán los siguientes cumpleaños. Aún estoy aprendiendo a lidiar con la sobrecarga sensorial que supone cada celebración y con el sentimiento de culpa de querer disfrutar por completo un momento tan feliz y no poder hacerlo al 100% porque me siento totalmente abrumada y, además, tratar de no parecerlo.
¿Cómo lidias con las celebraciones de tus hijos? ¿También te sobrecargas?
Te leo 💜
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