Diario en el espectro #4 | La salud mental pre y posparto siendo autista
Aviso de contenido: este post aborda temas de salud mental materna, ideación suicida y asesinato de menores.
Este es un post largo, así que abróchense los cinturones.
En las últimas semanas se ha hablado mucho sobre el caso de Lindsay Clancy, una mujer de Massachusetts acusada de asesinar a sus tres hijos y luego intentar quitarse la vida. Actualmente se encuentra en juicio y su defensa sostiene que, al momento de los hechos, atravesaba una enfermedad mental grave, incluyendo una psicosis posparto, que afectaba su capacidad para comprender la naturaleza y las consecuencias de sus actos. De ser declarada no responsable penalmente por enfermedad mental, podría ser internada en una institución de salud mental en lugar de cumplir una condena en prisión.
Este caso ha generado un gran revuelo y una respuesta bastante llamativa: muchas madres alrededor del mundo han empatizado con Lindsay y se han visto reflejadas, al menos en parte, en lo que se ha expuesto durante el juicio.
Según los testimonios presentados por la defensa, Lindsay buscó ayuda en distintos momentos y recurrió a su esposo, su familia, especialistas y servicios de salud mental durante semanas anteriores a los hechos. También existen registros de que expresó pensamientos suicidas, preocupaciones sobre sus hijos, pensamientos intrusivos y dudas sobre los efectos de algunos de los medicamentos que estaba tomando.
El hecho de que, según lo expuesto durante el juicio, hubiera expresado reiteradamente su preocupación por su estado mental y buscado ayuda antes de los hechos me ha resultado particularmente conmovedor.
No entraré en detalles del caso ni en mi perspectiva particular al respecto. Creo que cada quien puede buscar la información, el juicio está siendo transmitido y cada quien puede sacar sus propias conclusiones.
Lo que sí quiero hacer es compartir mi experiencia desde mi enfoque como mujer autista y crear conciencia sobre la importancia de cuidar la salud mental materna en un periodo tan vulnerable como lo son el embarazo y el posparto.
Siempre supe que quería formar una familia y tener hijos. Por lo tanto, cuando quedé embarazada de mi primer hijo fue extremadamente duro no sentir la felicidad que esperaba sentir. Por el contrario, sentía que había entrado en un agujero.
Luchaba constantemente con mis propios sentimientos de no sentirme feliz, pero sobre todo, con la culpa de “no estar sintiéndome como debería”.
Me quedé callada.
Me quedé callada por vergüenza y miedo a ser juzgada.
¿Cómo le explicas a la gente a tu alrededor que no estás disfrutando de tu embarazo y que te quieres morir?
Eso no sienten las buenas madres, ¿cierto?
Dejé de tener autonomía sobre mi cuerpo y mis propios pensamientos. Mis migrañas se potenciaron y no tenía cómo medicarme más para no hacerle daño a mi bebé. Empecé a sentir rechazo por cosas que antes disfrutaba y pasé mis meses con panza grande en medio de un fenómeno de El Niño, con un calor infernal, con todo lo que a mí me desregula el calor...
Cuando nació mi hijo, la nube negra se levantó de golpe.
Me sentía maravillosamente.
Genial, ¿cierto?
No nos apuremos.
Durante tres meses luché con la lactancia. Lloraba en cada intento, busqué ayuda profesional: NADA.
Nada funcionaba.
Mi hijo simplemente no agarraba y, de nuevo: la culpa.
La culpa de no ser capaz de darle algo tan básico y la culpa de agregar otro ítem a la economía familiar: la bendita fórmula.
El mensaje que recibimos de la sociedad es que “tienes que ser fuerte por el bebé” y ahí queda. Con todo, no te quedan más ganas de hablar sobre cómo te estás sintiendo realmente.
OJO, no estoy juzgando a nadie.
Creo que hay mucha desinformación al respecto. Creo que las personas hacen lo mejor que pueden con los recursos que tienen y debemos ser sinceros: la maternidad se romantiza bastante.
Tampoco digo que la maternidad sea una experiencia horrenda. Amé totalmente a mis hijos desde que los tenía en la panza, pero debemos empezar a ver la maternidad de manera honesta, con todo lo cruda que es, para poder dar un mejor soporte a las mamás.
Con mi segundo hijo, el golpe me cayó en el posparto.
Mi segundo embarazo lo pasé relativamente mejor que el primero, pero ese niño precioso salió de mi panza y se desató el caos emocional.
Durante meses, me despertaba todas las noches en medio de la madrugada con una angustia horrenda, sintiendo que algo malo les podía pasar a mis hijos.
Se me amontonaban en la cabeza escenarios catastróficos. Apenas sobrevivía al día.
La salud mental durante el embarazo y el posparto no se limita a la depresión. También puede involucrar ansiedad, pensamientos intrusivos, angustia, sensación de desesperanza y otras experiencias que pueden resultar profundamente incapacitantes.
Y aunque estas experiencias no son exclusivas de las mujeres autistas, las investigaciones sugieren que las mujeres autistas pueden enfrentar un mayor riesgo de dificultades de salud mental durante el embarazo y el posparto.
En mi caso, como yo lo experimenté —sin saber que era autista—, las demandas constantes de la maternidad me resultaban particularmente desafiantes.
El llanto del bebé.
El contacto físico constante.
La ausencia casi total de momentos de soledad.
La necesidad de estar pendiente de otra persona prácticamente las 24 horas del día.
Todo eso suponía una carga sensorial y emocional que yo no sabía explicar.
Y creo que esa es una de las cosas de las que menos hablamos cuando hablamos de maternidad y autismo.
No se trata de que las mujeres autistas queramos menos a nuestros hijos.
No se trata de que seamos menos capaces de ser madres, de hecho, creo que muchas de nuestras características pueden convertirse en fortalezas durante la maternidad.
Se trata de que algunas de las demandas propias de la maternidad pueden afectar de una manera particularmente intensa nuestras necesidades sensoriales, nuestra capacidad de regulación y nuestra necesidad de descanso y recuperación, que son más altas.
Yo no sabía nada de esto.
No sabía que era autista.
Y, sobre todo, no sabía que podía pedir ayuda sin sentir que estaba fallando.
Por eso creo que necesitamos hablar más de salud mental materna incluyendo en la conversación lo que significa navegar la maternidad siendo una mujer autista con las dificultades particulares que esto puede implicar.
Necesitamos dejar de asumir que una madre que está sufriendo simplemente necesita “ser fuerte”.
Necesitamos preguntar.
Necesitamos escuchar.
Necesitamos ofrecer ayuda antes de que una mujer tenga que llegar al límite para demostrar que realmente la necesita.
Porque detrás de muchas madres —autistas o no— que parecen estar funcionando perfectamente puede haber una mujer que está apenas sobreviviendo.
Y quizás, si empezamos a hablar de esto con más honestidad, podamos conseguir que alguna de ellas deje de hacerlo sola.
¿Alguna vez sentiste que decir “no puedo más” era admitir que estabas fallando como madre?
¿Cómo crees que podemos acompañar mejor a las madres durante el embarazo y el posparto?
Te leo💜
Fuentes:
Sobre el caso de Lindsay Clancy
https://apnews.com/article/lindsay-clancy-murder-trial-301ed728e868ec398ee06864ea27b3f6
https://www.bbc.com/mundo/articles/c2lq44gqg1jo
Sobre autismo, maternidad y salud mental
https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/40842638/
https://link.springer.com/article/10.1007/s40489-024-00461-2?utm_
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